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Colombia Posible 2020-04-23 | Comentarios:

Caquetá Cuenta, historias para vivir

Caquetá Cuenta, historias para vivir

Ilustración para Caquetá Cuenta, Lucía Mónico. Artista Argentina.

 

Colaboración especial por: Stella Maris Bermeo*

 

Gentilmente Stella Maris Bermeo comparte con BuenaGente Periódico la interesante experiencia de Caquetá Cuenta, iniciativa dirigida a alegrar la existencia del mayor número posible de personas que en Colombia y el mundo sufren los rigores de la cuarentena por el COVID19.

“Hay que inyectarse cada día de fantasía

para no morir de realidad”

Ray Bradbury

 

- ¿Aló? Hola ¿de dónde hablan?

-Hola, te hablo de Caquetá Cuenta. Caquetá Cuenta es una iniciativa de narradoras que contamos cuentos cortos por teléfono en época de cuarentena. Tu tía Laura te dedica una historia esta tarde. Esperamos te guste. Ella dijo que te podríamos llamar a esta hora ¿Puedes y quieres escuchar?

-Muchas gracias ¿qué tengo que hacer?

-Sentarte ahí en tu casa, cómodamente y escuchar esta historia que escogimos para ti. Si estás con alguien más o con toda la familia, puedes poner en alta voz tu celular y todos disponerse a escuchar ¿Listos?

-Sí.

-Había una vez…

 

Y así iniciamos las historias que Caquetá Cuenta a las personas que quieren dedicar un cuento a un familiar que está lejos, un cuento para una hija que acaba de perder a su madre, una mujer que quiere derrotar el vacío y la soledad, un hombre que espera poder abrazar a su amada al otro lado del mar, la señora de 80 años que desea tanto volver al jardín de su infancia, la niña de 7 años que crea un mundo para cuando salga de casa, algún día.

 

Con había una vez… iniciamos la mayoría de los cuentos, contados a un enjambre de niños y niñas que dulcemente dicen: ¿mañana me cuentas otra vez? Niños y niñas que quieren cada tarde subirse a una alfombra en su casa, aguzar el oído y escuchar un cuento que, sin tocarlos, les pone alas y de un suave zarpazo los cuela por la ventana y los hace viajar por un mundo que les lleva a sentir los rayos de sol, la lluvia, el placer de nadar, el agite de correr, el encuentro con los amigos, los secretos muy guardados y los abrazos de otros a quienes hace días extrañan.

 

Los cuentos son de autores y autoras de todo el mundo. Nuestro mayor repertorio es de la tradición oral: los mitos, las leyendas. Hay cuentos de locura, de amor, de orígenes; cuentos para que no nos olviden y cuentos que sirven para olvidar por que sí ¿Los títulos y autores? ¡Una biblioteca entera! En la mañana una de nosotras recepciona las inscripciones y reparte el pedido, y cada una hace una selección de acuerdo a la edad o a la sugerencia que hayan dejado escrita. “Quiero un cuento de amor”, “quiero un cuento de humor” o “cuéntale un cuento para dejar ir a un ser querido”, etcétera. A partir de las 2:00 de la tarde se inicia a contar cuentos. Si la persona no contesta la llamada, se le deja en WhatsApp un audio con su cuento. Como un recado calientico que se deja en la puerta o en la ventana.

 

Los cuentos maravillosos,como la compilación hecha por Antonio Rodríguez Almodóvar en Cuentos de amor a la lumbre, la Antología de cuentos infantiles latinoamericanos ¿Quieres que te lo cuente otra vez? así como leyendas del folclor y la cultura popular colombianas han sido contadas. También los y las autoras son variadas. Desde Gabriel García Márquez, Augusto Monterroso, David Sánchez Juliao, Fernando Alonso, Alejandro Jodorowski, Pedro Lemebel, Luis Sepúlveda, Nicolás Buenaventura, Jairo Aníbal Niño hasta Ítalo Calvino con sus Ciudades invisibles; desde Borges a Cavafis, de Gianni Rodari con los Cuentos por teléfono a Los nacimientos, Memorias del fuego y El libro de los abrazos de Galeano; de Rulfo hasta Cortázar con sus cronopios, famas y esperanzas. Desde las leyendas de Ciro Alegría hasta Aquiles Nazoa; desde Yolanda Reyes, Irene Vasco, Triunfo Arciniegas, Evelio José Rosero, Celso Román, María Teresa Andruetto, Michael Ende hasta Roald Dahl, Millor Fernández, Emilio Ángel Lome, Liliana Cineto, Ana María Machado. Se han traído cuentos de Jesús Arango Cano y Pablo Zeballos. No han faltado Francesca Carvallo Clarisa Pinkola, Gioconda Belli, Ángeles Mastreta, Ema Wolf, Isabel Allende, Alice Munro, Marina Colasanti, Carmen Berenguer, Graciela Montes hasta los cuentos de la cuentera colombiana Carolina Rueda y hasta Rocío Sanz con su Cuento vacío, por mencionar algunas y algunos que nos han acompañado en estos tiempos de urgencias. También ha habido creaciones propias de Paola Gamboa, Jacobo y Nyria Ramírez.

 

En tiempos de encierro

 

Desde la tarde del 18 de marzo de 2020 que nació en Florencia-Caquetá la idea de contar cuentos por teléfono, este equipo integrado por 7 mujeres narradoras y lectoras en voz alta, no hemos parado un día en que a alguien no se le llame y se le cuente un cuento. Cristina, Nyria, Paola, Sandra, Erika, Vanessa y Stella Maris nos hemos mantenido y hemos contado más de 300 cuentos a personas que se inscriben o que inscriben otras para que ellas, desde Caquetá Cuenta, les llamen. Hemos contado cuentos a gente colombiana que está en Canadá, el norte de Italia, España, Francia, Estados Unidos; a personas  de otras nacionalidades  que se han inscrito desde México, Argentina, Brasil, Bolivia, Venezuela, Costa Rica, Cuba y, por supuesto, de todas las latitudes de Colombia, incluyendo los pueblos queridos del Caquetá en la Amazonía Colombiana.

 

Es una iniciativa de bajo perfil, modesta, sin tanta alaraca, porque andamos entre el tele-trabajo y las cosas de nuestra vida con una nueva agenda, que es esta de seleccionar, preparar y contar un cuento a una persona que no conocemos ¿Cómo va a reaccionar? Porque muchas se inscriben y ponen una hora para que les llamemos, pero otras no saben nada y es esto una sorpresa. Tenemos también diversidad de edades que nos escuchan, entre los 2 a los 85 años.

 

Ésta iniciativa nació pensando en la dura realidad de un encierro obligatorio que no todas las personas saben manejar y no tienen las condiciones para permanecer bien. Nació de la urgencia de contar otras historias que no fueran sólo las que los medios de comunicación ponen encima de la mesa todos los días, generando angustia, viendo el virus hasta en la sopa, durmiéndose con el balance y conteo de muertos cada noche, aumentando la ansiedad y viviendo como en una pesadilla interminable.

 

No somos tan frágiles como pensamos; estamos compuestos por roca, partículas de mar y árboles, por caracoles y el olor a jardín después de la lluvia. En la oscuridad deberíamos saber que somos fósforo y estamos hechos de lo mismo que están hechas las estrellas. Entre las tantas cosas de universo que tenemos,  contamos con algo muy preciado y poderoso, capaz de conjurar y aplacar a los monstruos internos y externos más terribles: el Lenguaje, y con el Lenguaje la capacidad de contarnos historias.

 

Ésta es la apuesta de volver a la antiquísima magia de vivir un tiempo para escucharnos y recordar que no todo está perdido y es tiempo para rediseñar, co-crear, para estar juntos a pesar de lo difícil que sea el mundo. Son historias para que no se olvide que somos seres del Lenguaje, que a partir de los relatos la humanidad pudo cooperar entre sí y no extinguirse, en la palabra que creó puentes, mitos y con ellos, nos hemos contado los relatos de quiénes somos. Éste es el tiempo propicio para relatos que nos recuerden esa magia antiquísima del placer de escuchar historias, escucharnos e imaginar.

 

Así, mientras unos cooperan para alimentos, medicinas, implementos de aseo tan vitales e importantes en este momento como tapabocas, guantes, alcohol y gel, nosotras llevamos relatos para que el tiempo en época de pandemia no sea tan desesperante, relatos para no morir. La gente después de escuchar su cuento, queda como con un antídoto contra la tristeza, agradecida, a veces con lágrimas de alegría, a veces con risa, a veces con adicción a más cuentos, a veces con arrebatos de mandarle cuentos a todo el mundo, quizás porque han hallado algo ¡poderoso! Acá al otro lado, nosotras, las que contamos, quedamos “erizadas” agradecidas de quién escucha, nos alimentamos mutuamente la esperanza.

 

Las historias nos salvan, conjuran los miedos y son capaces de elevarnos el ánimo y con él, las defensas de nuestro cuerpo, porque, como ya decía Eduardo Galeano, nuestro cuerpo no está hecho sólo de átomos, sino de historias. Recordemos que las historias, los cuentos, la lectura puesta en la voz alta y viva es capaz de humanizarnos tal como ya lo hizo Sherezada en las Mil y una noches. No sólo transformó al califa, sino que salvó todo el reino.

 

Si quieren inscribirse para que les contemos un cuento, sigan este link  https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSfZsKi06Gqj9I2JcpokGeShXgEIb-xJhrQT3y82A1sORShgMg/viewform?vc=0&c=0&w=1  y llamaremos, pronto, muy pronto.

 

*Caqueteña, humanista, ecofeminista, máster en Libros y Literatura Infantil y Juvenil, o mejor aún, amiga de las letras y, como no podía ser de otra manera, defensora de Derechos Humanos.


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