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Paz & Reconciliación 2019-04-26 | Comentarios:

Escucha, convivencia y no repetición: presentación de la Comisión de la Verdad en el Eje Cafetero

Escucha, convivencia y no repetición: presentación de la Comisión de la Verdad en el Eje Cafetero

Elaborado por: Jose Luis Rivera García

 

El pasado 10 de abril, en las instalaciones de la Universidad Católica de Pereira, se presentaron algunos miembros de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, con el fin de realizar un primer acercamiento al territorio, explicando el funcionamiento general de la Comisión y planteando los retos que tiene en el Eje Cafetero. Al evento asistieron cerca de 50 personas, entre estudiantes, defensores de derechos humanos, investigadores, representantes de organizaciones sociales y periodistas.

 

La visita tuvo, además, otro objetivo: realizar un taller diagnóstico participativo con protagonistas de procesos de construcción de verdad y memoria de los tres departamentos, cuyas voces serán cruciales para conocer los hechos del conflicto armado en la región. Esta actividad se desarrolló en las horas de la mañana de la jornada.

 

Sobre las 4:30 p.m. se dio inicio a la presentación formal. El comisionado Alejandro Valencia Villa explicó a grandes rasgos qué es la Comisión,  cuál es su mandato y sus objetivos, resaltando que, ante la gran responsabilidad que tiene, para la Comisión es imposible esclarecer cada uno de los más de 8 millones de casos de violaciones a los DD. HH. y al DIH en menos de tres años y la opción de priorizar unos hechos sobre otros, es injusta con las víctimas, por lo que

 

 

“La apuesta de la Comisión es esclarecer los que hemos denominado patrones, que dan a entender ciertas dinámicas de violencia que se presentaron en épocas de tiempo determinadas, en alguna región específica, perpetrados por ciertos actores, con hechos victimizantes, dirigidos contra ciertas víctimas. Mediante ese patrón podemos agrupar o arropar un número muy significativo de casos y ofrecer contextos explicativos […] aquí en Colombia se sabe sobre el cuándo, dónde y cómo, pero poco se explica por qué o a quién beneficiaron esos hechos o quiénes fueron los responsables.”

 

Vale la pena aclarar que la Comisión no atribuirá responsabilidades judiciales, pues las que se señalen o asuman, tanto individuales como colectivas, tendrán un carácter ético, político e histórico y sus declaraciones no serán trasladadas a ninguna instancia de justicia, incluida la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), con la que está relacionada al ser parte del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR) junto con la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD).

 

También se habló de aportar al reconocimiento del conflicto armado, sus víctimas, sus hechos atroces y la necesidad de rechazarlos y revalidar formas pacíficas de solución de conflictos que permitan la convivencia.

 

Luego, el coordinador para la macrorregión Antioquia-Eje Cafetero, Max Yuri Gil, explicó el porqué de la división, partiendo del enfoque territorial,

 

“Está claro que la Comisión no puede quedarse en Bogotá, tiene que salir, tiene que construir una estructura territorial. Para ello dividimos el país en 10 grandes regiones. Esa es una división operativa […] no es una división analítica […] tenemos claro que por eso no vamos a separar realidades.”

 

 

Hay que resaltar que solo en Antioquia se reportan 1.567.022 víctimas, es decir, cerca del 17% del total. Ya que se conoce menos de las dinámicas del conflicto en el Eje Cafetero, los integrantes de la Comisión se proponen establecer una ruta de investigación que de luces sobre los elementos que deben ser explorados. Para esto, se contemplan diálogos con sectores sociales, trabajo de campo y escucha, pues no se trata de un esfuerzo académico hermético, sino participativo.

 

Ya dispuestos en la mesa principal, Alejandro Valencia -miembro de la Comisión de la Verdad-, Gina Arias Rodríguez -docente de la Universidad Católica de Pereira y coordinadora colegiada de la Regional Eje Cafetero de la Ruta Pacífica de las Mujeres- y Fernando Alonso Ramírez -editor de noticias del periódico La Patria de Manizales- fueron interviniendo mientras Irene Piedrahita –profesional de la Comisión- moderaba el uso de la palabra.

 

 

Sobre los retos el primero se mostró inquieto por la invisibilización del conflicto armado en el Eje Cafetero y su imaginario como paisaje desligado de la violencia política, cuando desde los tiempos del bandolerismo se fueron viviendo sus consecuencias e hicieron aquí presencia casi todos los actores armados.

 

“Un punto central es la responsabilidad. Aquí es mucho más compleja y se hace interesante ver cómo están tanto actores armados ilegales, como fuerza pública, elites políticas y empresariales […] se trata de una responsabilidad que transciende.”

 

Por ello, para la Comisión es una tarea menester mostrar que en esta región el conflicto armado tuvo sus impactos y dar pistas del porqué de su estado invisible, pues deben ser reconocidos por la sociedad para dignificar a las víctimas y sus memorias.

 

 

Con respecto de la convivencia, la segunda destacó la importancia de partir del reconocimiento del otro para amplificar las voces y garantizar los derechos de quienes fueron acallados en el marco de la violencia, tales como las comunidades indígenas y afrocolombianas y las mujeres, que se traducen en la Comisión como enfoques diferenciales y trasversales. Agrega que “Se cuenta la verdad para promover la convivencia, no para promover los odios […] es la posibilidad de reconocernos.”

 

Entonces, muy lejos de endilgar culpabilidades que deban ser vengadas está el objeto de contar la verdad. Para Gina, partiendo de la necesidad de reconocer en el otro un sujeto válido de interlocución, hay diferentes retos regionales:

 

 

“Identificar la convivencia y la reconciliación como procesos y no solo como metas […] en ese proceso hay distintos niveles: el individual, el interpersonal y al interior de las organizaciones, allí consiste en cómo ayudamos en la reconstrucción de esas relaciones y la confianza que se ha perdido […] también, la tolerancia de la diferencia, interpelando nuestra región como ‘remanso de paz’ que se desmiente cuando vemos prácticas de la mal llamada ‘limpieza social’ […] otro elemento está en la aceptación de aquellos que han dejado las armas y vienen reincorporándose a la vida civil, pues en la región se han hecho evidentes prácticas de exclusión simbólica del otro […] necesitamos promover diálogos y sensibilización con esa sociedad que se siente ofendida.”

 

Para ella, la magnitud de tales retos los convierten en compromisos que no solo recaen en la Comisión, sino en todas aquellas organizaciones civiles que trabajan por la pedagogía y la convivencia, involucrando las iniciativas de paz, resiliencia y resistencia en el territorio, que ‘desde abajo’ han luchado por reconstruir lazos aun en medio de la guerra, pese a no ser suficientemente valoradas.

 

Al abordar el papel de los medios en la construcción de verdad, el tercero de los citados arriba, aseguró que “un medio de comunicación es valioso por atender a su comunidad, pero es mucho más importante cuando la confronta, cuando la reta […] La tarea de los medios es contar las cosas que mucho quieren no se cuenten”

 

 

Recordó la frase de Joan Manuel Serrat, “El futuro no puede construirse a base de olvido y desmemoria”, para ilustrar que saber la verdad es necesario si se quiere construir un futuro común, en el que quepan todos sin tener que pensar igual. En ese marco, los medios pueden hacer valer la verdad como bien público, narrando los hechos cuando ocurrieron, resaltando la voz de las víctimas, así como siendo repositorios de registros para la memoria. En la construcción, son los que tienen la posibilidad de indagar por las diferentes voces y versiones, contrastar fuentes y visibilizar tanto el dolor como los procesos de restauración.

 

El evento concluyó haciendo hincapié en que la verdad se consigue a través de la escucha atenta y respetuosa de quienes vivieron la barbarie de cerca, afirmando a las víctimas como el centro del proceso. Tal escucha exige el recuento para dignificar y no para herir. También implica tener en cuenta los relatos de los responsables, con el fin esclarecer motivaciones y momentos históricos. Para todo ello es ineludible que se cuente con la intervención activa de todos los sectores sociales, desde las organizaciones sociales y la academia, hasta el empresariado y la clase política, en la búsqueda de pasar la página de la violencia como mediadora de los conflictos, poniendo el foco en los procesos ejemplares que, pese a la adversidad, han insistido en el camino de la paz.


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