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Colombia Posible 2019-01-14 | Comentarios:

Doña Concepción Matabanchoy, un referente de buen vivir en Nariño

Doña Concepción Matabanchoy, un referente de buen vivir en Nariño

Por: Rubén Darío Pardo Santamaría

 

Buena Gente Periódico visitó la reserva natural Encanto Andino en la laguna de La Cocha, Nariño, allí conversó con doña Concha Matabanchoy, destacada en 2005 como Mujer CAFAM por este departamento, sobre el proceso de buen vivir que, con su esposo Edmundo Castro y sus hijos, han construido durante décadas en sintonía con la Asociación para el Desarrollo Campesino - ADC, que desde 1980 trabaja en la promoción de procesos productivos en armonía con el territorio y de procesos de autonomía y cohesión social que fortalezcan la identidad campesina y los lazos comunitarios y familiares.

 

Este territorio no ha sido ajeno a complejos flagelos de conflicto armado y narcotráfico que han afectado seriamente al departamento de Nariño. De igual modo, han estado presentes prácticas extractivistas como la quema de árboles para la producción de carbón vegetal, actividad económica que amenazaba seriamente el ecosistema local. El oportuno análisis de la realidad y la sabia activación de procesos de buen vivir con enfoque de desarrollo a escala humana, posibilitaron el giro de 180° que hoy permite a los campesinos de la zona presentarse como ejemplo de plan colectivo de vida.

 

BuenaGente Periódico (BGP): ¿Cuál fue la motivación para iniciar el proceso de buen vivir?

 

Conchita Matabanchoy (CM): Inicialmente no fue el objetivo de nuestra organización la conservación, buscábamos alternativas que nos generaran ingresos para poder vivir mejor. Nos dedicamos a las otras alternativas que nos generen ingreso, entonces en ese lapso de tiempo empiezan los bosquecitos a reverdecer porque ya no había presión sobre ellos, empieza a nacer nuevamente la vida, digo yo, empezaron a llegar avecitas. Posteriormente nos fuimos a conocer la reserva natural de Acaime en Salento – Quindío. Durante el viaje vimos los estragos de la sequía de tres años en el norte de Nariño y en el sur del Cauca, estaba desértico, no había vegetación, pasamos por un río que era sólo un hilito de agua y lo demás era piedra y arena porque ya no había agua. En el sur del Cauca veíamos vacas que prácticamente comían tierra, buscaban en la tierra las hierbitas secas y eso era lo que estaban comiendo.

 

En Acaime vimos mucha vegetación, palmas de cera, agua abundante y cristalina, muchas avecitas y muchos mensajes dentro del recorrido del sendero invitando a la conservación. Cuando regresamos acá nos dicen: vamos a dejar una tarea llamada ‘Un día en mi reserva’, consistía en salir con la familia a observar lo que tiene su propio bosquecito, entonces fue ya mirar con otros ojos y decíamos: este bosquecito protege el agua, protege los suelos, empezamos a valorar más nuestro entorno y ya no a mirar los árboles en el sentido económico de decir “miren este árbol, me puede dar unas cuantas tablas o me puede dar tantos bultos de carbón vegetal”.

 

Miramos que en esos árboles había mucha vida, habían orquídeas, habían algunos helechos también, habían bromelias, nidos de avecitas allí en los árboles, entonces ya no era mirar como nosotros mirábamos antes, eso fue un cambio total, ya más de observación y empezar a amar todo eso, empezar a proteger, a sentirnos parte del entorno natural.

 

 

BGP.: ¿Cómo fue el paso de la producción con agroquímicos a la producción limpia?

 

CM: Se dio poquito a poquito, entonces empezó el suelo a recuperarse con más nutrientes y muchos más microorganismos que componían la materia orgánica y empezamos a buscar planticas que nos ayudaron a controlar los bichitos que iban apareciendo. Iniciamos la recuperación de conocimientos tradicionales porque nuestros abuelos nunca utilizaron químicos, eran solamente los abonos orgánicos y los suelos eran muy fértiles en ese tiempo. Empezamos a hacer unas mingas de pensamiento, empezar a hablar de cómo cultivaban nuestros abuelos, nuestros padres y cuándo fue que nosotros empezamos a utilizar más los venenos para intoxicarnos y acabar con los suelos.

 

El no uso de agroquímicos ha hecho que aquí lleguen tucanes, pavas de monte, ardillas, mochileros, colibríes y otra cantidad de aves. Algunos animales permanecen y otros vienen sólo cuando hay frutos en los árboles y hay frutos aquí de los que uno cultiva, entonces ellos llegan y consumen… pero eso también hace parte del disfrutar de todas esas cosas bonitas, es una felicidad muy grande.

 

 

BGP.: ¿Cómo se sintonizan con el Desarrollo a Escala Humana?

 

CM: Nos encontramos con la filosofía de Manfred Max Neef, empezamos a mirar que el ser humano, cuando hay carencias, no puede ser feliz. No puedo ser feliz si no tengo alimento qué darle a mi familia, entonces empezamos a recuperar semillas, a sembrar lo que se había perdido, por ejemplo, las arracachas. La familia ya perdió la costumbre de consumir las hortalizas, porque nuestra alimentación pues se redujo a una sopa de pastas y arroz y la desnutrición como consecuencia. Con la alimentación más balanceada hemos casi extinguido ese problema. Preferíamos vender la leche y comprar un paquete de jugo de esos artificiales, si teníamos moras las vendíamos para comprarnos una gaseosa. Finalmente decidimos priorizar el consumo en la familia, tener una alimentación sana, balanceada y luego sí, si hay excedentes los intercambiamos y si nos sobran los excedentes los vendemos.

 

BGP.: ¿En qué modo es vinculada la familia al proceso?

 

CM: Con el apoyo de ADC empezamos a buscar soluciones por nosotros mismos y en eso también la creatividad ha sido muy importante, porque hasta para solucionar los problemas hay que ser creativo. Empezamos a vincular a la familia, participan niños, niñas, los jóvenes. La juventud se nos estaba perdiendo, se estaba yendo a la ciudad o aceptaban trabajo en cultivos ilícitos como raspachines porque el trabajo aquí es muy barato. Varios fueron muertos o desaparecidos.

 

Vivíamos una situación muy difícil porque los niños y jóvenes eran como desarraigados ya que no obtenían ingresos de su trabajo, el padre era quien recibía, vendía el producto del trabajo y muchas veces se lo tomaba, llegaba sin nada a la casa. Los jóvenes iban creciendo y necesitaban un pesito para invitar a la novia a tomar un hervido. Muchas niñas iban a la ciudad a trabajar en el servicio doméstico. Entonces ya nos íbamos quedando sin jóvenes ni señoritas para que empiecen a trabajar la tierra, eso sí ha sido problema grave pero con nuestro proceso empiezan ellos a quedarse aquí, a recibir formación académica hasta terminar algunos su estudio profesional y regresar al pueblo, eso es muy importante y nos da gran satisfacción.

 

 

BGP.: ¿Ustedes viven fundamentalmente del turismo?

 

CM: Nosotros ya los dos viejitos sí, ya vivimos prácticamente del ecoturismo, en otras partes si hay otras fuentes de ingreso. Edmundo ya pues tiene su edad y le cansa mucho y ha sido un poquito difícil conseguir mano de obra, pero ahora ya tengo un joven que cuando yo estoy aquí siempre viene a trabajar, entonces ya vamos a ir recuperando nuestra huerta, recuperando otras cositas para poder tener aquí en la reserva. Tenemos algunos animalitos: gallinas, algunos pollitos, hay una vaquita, también da leche para el autoconsumo. Entonces él está de allá para acá mirando los animalitos. También se ha mejorado la casita. Hay veces que no llegan turistas pero hay veces que si llegan. También me dedico a la transformación de las plantas medicinales, hacer la cremita, champú, aceiticos, eso también me permite algunos ingresos adicionales.

 

Fotografías por: Nancy Liliana Carlosama

 

Si quiere conocer más a cerca de la Asociación para el Desarrollo Campesino puede visitar su página web:  www.adc.org.co. Información sobre la reserva la puede consultar en Facebook: Reserva Natural Encanto Andino.


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